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El Congreso Humanista Mundial, reunido en Oslo, Noruega, del 12 al 14 de agosto de 2011, acordó la siguiente declaración sobre la paz:

(In English)

Declaración de Oslo sobre la Paz

Muchos humanistas han trabajado esforzadamente por la paz, desde los maestros de la escuela Chárvaka en la antigua India hasta Bertrand Russell, y desde los Epicúreos en la Europa antigua hasta Jawaharlal Nehru. Afirmando que las vidas humanas individuales tienen un valor irremplazable, reconociendo que todos los problemas que la humanidad enfrenta deben resolverse aquí y ahora, y comprometidos con el uso activo de la razón y la compasión humanas para abordarlos, creemos que:

  1. Los seres humanos comienzan todas las guerras, y los seres humanos trabajando juntos pueden terminar con la guerra. El conflicto violento es inmensamente destructivo, arruina vidas, malgasta recursos y degrada el medioambiente. Es posible que a veces sea el único camino para evitar un mal aún mayor, pero siempre debería ser el último recurso y deberíamos trabajar para ponerle fin.
  2. Esto es posible. Así como la ciencia humana ha puesto los medios de destrucción total en nuestras manosasimismo también una comprensión científica de la humanidad nos ayuda a entender y superar las causas de la guerra. No estamos biológicamente programados para el conflicto violento inevitable, y nuestra naturaleza en tanto animales sociales puede ser de hecho una fuente de paz, aunque debemos esforzarnos y hacer decisiones conscientemente éticas para controlar nuestro comportamiento.
  3.  La paz es más que la mera ausencia de guerra. La paz requiere respeto por el valor y dignidad de nuestros congéneres humanos, tolerancia entre los individuos, y armonía dentro de cada persona. También requiere justicia global en lugar de desigualdades globales, y la eliminación del hambre y la sed en un mundo que produce sobradamente.
  4. La excesiva acumulación de armamento en el mundo es una amenaza para la paz. La fabricación de armas malgasta recursos que podrían usarse mejor para eliminar la pobreza y proporcionar educación, salud y otros servicios públicos. Las carreras armamentistas crean inestabilidad política y militar e incrementan las posibilidades de guerra y, en consecuencia, trabajar por el desarme es un importante movimiento hacia una paz más segura.
  5. Naciones Unidas sigue siendo el mejor vehículo internacional disponible para la promoción de la paz y la cooperación, tal como fue previsto en su carta original.Debemos apelar a nuestros gobiernos nacionales a que adhieran en todo momento a los principios de la Carta de las NU, y a que trabajen por una mejor organización de las Naciones Unidas.
  6.  No obstante, las iniciativas de paz no pueden dejarse únicamente en las manos de los gobiernos.Como individuos debemos trabajar por la paz en nuestras vidas. Debemos también trabajar al interior de los vecindarios, países, redes y organizaciones de las que formamos parte, para fomentar la paz entre nosotros y una actitud pacífica hacia otros.
  7. Desafortunadamente, las comunidades autoidentificadas a menudo promueven mejor la paz entre sus propios miembros que la de ellos mismos con otros grupos. Un orgullo saludable por nuestras propias tradiciones y gente puede  demasiado fácilmente transformarse en una competencia insana o incluso desprecio por otra gente. Con demasiada frecuencia las comunidades recurren, como mecanismo de fortalecimiento de su unidad interna, a una hostilidad compartida hacia un enemigo común. Los seres humanos deben propender constantemente a superar estas divisiones y trabajar juntos en apoyo a nuestros derechos humanos y  a los valores humanos que compartimos.
  8. Los Estados deberían avanzar hacia la democracia y el secularismopara asegurar que a todos los individuos, independientemente de su afiliación cultural o religiosa, se les otorgue un tratamiento igualitario en la sociedad, y apoyar el dialogo entre gente de distintas creencias para reducir las tensiones e incrementar la comprensión recíproca.
  9. Una paz duradera debe ser dinámica, no estática. Debemos abrazar la paz ruidosa de la ciudad floreciente y no aspirar a escapar hacia la paz silenciosa de los cementerios. La paz es un proceso activo y continuo, una manera de resolver problemas con justicia y sin violencia.

Nos comprometemos a trabajar por un mundo más pacífico, permitiendo que los humanistas de diferentes países establezcan vínculos recíprocos en una comunidad humanista más global, alentando la interacción pacífica con aquellos de creencias diferentes, y dedicando firmemente nuestras delegaciones en la ONU y otras instituciones internacionales a la causa de fortalecer una cultura global más pacífica.

Afirmamos la importancia fundamental de la educación desde la infancia temprana y a través de toda la vida para construir una cultura más pacífica, y apoyamos todos los desarrollos nacionales e internacionales que promuevan la educación para la paz.

Llamamos a todas nuestras organizaciones integrantes y globalmente a los humanistas a trabajar por una cultura más pacífica en sus propios países, y apelamos a todos los gobiernos a preferir el acuerdo en caso de conflicto por sobre la alternativa de la violencia y la guerra.

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